domingo, 11 de septiembre de 2016

Tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil Española, como sucedió en América, un número considerable de exiliados españoles fueron a las antiguas colonias españolas de Oceanía, en especial Filipinas. Esto les pilló en medio de la contienda entre Japón y Estados Unidos. En un principio, la prensa franquista ensalzó las conquistas japonesas y pidió a los españoles que habitaban allí que ayudasen a los aliados japoneses. Pese a ello, los españoles ayudaron al bando estadounidense, haciendo una guerra de guerrillas a los japoneses. Muchos además eran de origen vasco, y el euskera se utilizó en un momento para las claves secretas entre los americanos y los españoles, pero debido a la pocos que lo entendían, se cambió por el sioux.[cita requerida] No todos los españoles confinados allí eran exiliados. Entre ellos se encontraba Andrés Soriano, fundador de Cervezas San Miguel, hombre más rico de Filipinas y que prestó ayuda al bando rebelde durante la Guerra Civil y héroe del Pacífico, fue además un amigo personal del general MacArthur. Otro gran héroe fue Leoncio Peña, que perteneció a una escuadra en la que solo quedaron dos supervivientes. Tras luchar en Okinawa, fue trasladado a Estados Unidos, donde recibió la Estrella de Bronce por méritos de guerra, la Medalla del Corazón Púrpura y la del Racimo de Hoja del Roble. Cabe destacar, además, que los primeros soldados que desembarcaron en la Batalla de Guadalcanal fueron españoles. La ayuda prestada por los españoles fue de crucial importancia para los estadounidenses. No obstante, esa ayuda la pagaron cara los españoles. Aparte de soldados, también había muchos misioneros, que sufrieron de una gran persecución por su condición de religiosos. En la isla de Saipán, el gobernador militar llegó a decir "La Iglesia Católica no debe ser algo bueno cuando Hitler en Europa la persigue tanto". Y es que los misioneros instalados en Saipán fueron de los que peor lo pasaron. Fueron aislados en domicilios con escasez de alimentos y medicamentos, y los japoneses los utilizaban de escudos, utilizando los conventos como almacén de municiones, sabiendo que los estadounidenses no los bombardearían.

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